
El origen de Zamora (Ocellum Duri romana, Azemur o Semure musulmana), se pierde en la noche de los tiempos. Su primer asentamiento, en una posición privilegiada sobre el Duero, se ha extendido hasta completar hoy una realidad que combina monumentos únicos con modernas infraestructuras. Ninguna ciudad encierra, como Zamora, veintiún monumentos románicos de primer Orden en su entramado urbano.
Y si sólo el románico zamorano justifica una detenida visita, (Catedral, La Magdalena, San Pedro, Santiago del Burgo, San Claudio, La Horta, Santiago de los Caballeros, Santo Tomé, San Isidoro, Espíritu Santo, San Juan, etc.), sus murallas, sus museos, sus tradiciones (Semana Santa, romerías, etc.), su gastronomía y la evocación del pasado contenida en sus calles, hacen de Zamora un destino obligado.